jueves, agosto 15, 2013

Una semana diferente

La semana pasada estuve en “Salud para nosotras”, un proyecto organizado por Musas de Metal y Ave de México para capacitar a mujeres de la diversidad sexual en VIH e infecciones de transmisión sexual (ITS). 

Recuerdo bien cuando Megan de las Musas me invitó y me empezó a explicar el proyecto: 

—Te vamos a traer al D.F.— Yo pensé: Esta mujer está loca si cree que yo puedo hablar sobre prevención de enfermedades sexuales.
—No te preocupes mi Chu, es para que tú lo tomes, no para que lo des. Estamos invitando a activistas de todo el país para capacitarlas en salud sexual. 

La ceja me brincó a todo lo que dio: 
—Pero Megan, tú sabes que yo no soy activista. 
—Ya sé Chu, pero tú tranquila, no pasa nada. 


Me imaginé a Megan y a las Musas haciéndome una intervención combinada con un exorcismo para convertirme al activismo lésbico, pero la verdad es que siempre he sido muy mala para decir ‘no’ y más cuando alguien tiene la cortesía de invitarme y pagarlo con recursos de un programa federal. 

Pedí permiso en el trabajo, pensando que igual y luego no se concretaba. Pasaron los meses y Megan se puso más seria: comenzó a ver lo del boleto de avión y arreglar lo de mi estadía. Además, por si fuera poco, me contó que luchó contra viento y marea para poder llevarme. Me imaginaba al Comité de Lesbianas Serias cuestionando las intenciones de Megan y a ella chingue y jode para convencerlas. 

Finalmente, llegó el día. Madrugué como lo hacían nuestros antepasados, esos que ayudaba Dios, y llegué al Distrito Federal como a las 9 am. Megan me recibió con una sonrisa y un abrazo y en un dos por tres recolectó a otras cuatro mujeres que acababan de llegar y me las presentó: Yoshi y Elena de Colima, Sol de Monterrey y Esther de Mérida (primera vez que la veía en mi vida, algo muy raro en una tierra donde todos se conocen). 

Recordé entonces, que yo soy una antisocial y que me causa mucho estrés conocer gente nueva. Afortunadamente, Sol se encargó de llenar todos los vacíos en la conversación, salpicándola de anécdotas graciosas con su característico y caricaturesco tono de voz. 

Horas después de recolectar a otras lesbianas, Megan nos trepó a una camioneta y nos dirigimos al hotel. Después de registrarme, fui al cuarto que me asignaron. Cuando abrí la puerta, todo el interior estaba oscuro y en una de las camas una mujer dormía en pleno proceso de hibernación. Traté de no hacer mucho ruido, pero se despertó. 

—Hola, voy a compartir cuarto contigo. Sigue durmiendo. 
—No, cómo crees. Soy Tere, de Zacatecas. 
—Yo soy Chumina, de Mérida. 
—¿Chumina es tu nombre?— Era la primera vez que me tocaba escuchar esa pregunta, de las muchas que la oiría toda la semana. 
—No, así me dicen. 
—¿Tú habías estado antes en un evento como este?
—¿De lesbianas activistas dices?
—Ajá. 
—No, nunca.
—Yo tampoco. Me dan miedo las feministas. Hice un chiste y se me quedaron viendo feo. 
—¡A mí también!


Me tocó la roomie de ensueño, porque además de compartir muchas formas de pensar, también compartíamos hábitos similares. El domingo, que era día de descanso, decidimos que la mejor idea del mundo era dormir todo el día. Todos los días, al finalizar las actividades, Tere y yo platicábamos nuestras impresiones del día. Conforme avanzó la semana, nos terminando contando nuestras vidas. 

Las actividades comenzaron con dinámicas de integración. ¿Adivinen a quién no le gustan las dinámicas de integración? “Bueno, ya estoy aquí, lo menos que puedo hacer es ser parte de esto”.

La primera plática del lunes estuvo de lujo. Paulina Millán habló de orientación sexual desde el punto de vista de la sexología. Sin embargo, el inicio fue difícil para mí. Cuando escuchaba hablar a las demás diciendo “En mi organización hacemos tal cosa”, yo pensaba: “¿Qué madres hago aquí? Lo último que hice en ‘mi organización’ fue escribir sobre Consuelo Duval y Yolandra Andrade”. 

Luego surgían comentarios de las feministas, diciendo que debíamos de hablar de tal o cual manera, evitando ciertos términos para no llevar el machismo a través del lenguaje. “¿Qué hago aquí?” 

El martes nos tocó aprender de infecciones de transmisión sexual, lo que significó ver fotos horribles de vaginas mutantes. Con la Dra. Adriana Villagrán aprendimos mucho sobre la consulta ginecológica. 

El miércoles, Alma Aldana habló sobre identidad de género, salpicando su plática de anécdotas sobre las feministas de antaño. Y ahí comencé a entender el desmadre que nos traemos las mujeres: que las feministas heterosexuales no aceptan a las lesbianas, que si las lesbianas no aceptan a las bisexuales y las trans, ni quien las ampare. 

Con Tirso Clemades y Magaly Piña, aprendimos sobre VIH. Luego con Jorge Yañez, se abordaron los aspectos legales. Para exigir nuestros derechos, hay que sabernos la ley por todos lados. Qué complicado es para una pareja de lesbianas casarse y enfrentarse a formatos y estándares de toda clase de instituciones que las limitan. 

El jueves, entre otras cosas, tuvimos la plática de Norma Banda, una psicóloga increíble que habló sobre la violencia, aunque yo más bien le llamaría “El trauma emocional de ser lesbianas”. Definitivamente, una de mis pláticas favoritas. 

Pero para mí el momento cumbre de la semana, fue el panel de activismo con Nancy Herrera —educadora y sexóloga—, Ana Francis Mor —cabaretera, feminista, escritora y reina chula—, Liliana Velázquez —quien fue presidente de Amnistía Internacional en México— y Megan de las Musas de Metal. 

Todas hablaron de cómo la vida las había llevado al activismo, desde sus experiencias personales. Me asombró que muchas de ellas no se consideraran activistas, sino más bien personas que tuvieron que actuar para defender algo que les afectaba en lo personal. 

A Megan le agradezco el término ‘ciber activismo’, que aún miro con recelo, pero poco a poco me le voy acercando y reconociendo como algo mío.

Me encantó la participación de Ana Francis Mor, llena de buen humor y frases ocurrentes. Con mucha reflexión sobre la división que hay entre las feministas y lesbianas: “No podemos hablar de la comunidad lésbica, podemos si acaso, hablar de poblaciones lésbicas”. 

Al final, tuve la oportunidad de platicar brevemente con ella y me comentó que su novia es mi fan. Sonreí y le dije que yo soy su fan. Si hubiera podido, me hubiera tapado con un rebozo. 

Sol de Monterrey me reclamó “que porqué no le había dicho que yo era famosa” y de ahí en adelante, más gente se acercó diciendo que le gustaban los dibujitos de los tipos de lesbianas y que los había visto pirateados en un montón de sitios. Expliqué muchas veces que eran obra de Yamtoyam y que yo sólo había escrito los perfiles, pero varias siguen pensando que yo hice los dibujitos. 

El viernes fue súper picante y aprendimos muchísimo sobre sexo seguro y protegido con Ninel Díaz. Muy pronto, habrá una entrada sobre el tema. Hacía mucho que tenía ganas de ver a las Reinas Chulas en acción y ese día fuimos a ver “Mujeres de cecina”. La Lencha fue a visitarme ese y varios días, platicamos mucho y como ya sabrán, hicimos algunos podcasts. 

Ahora ya estoy de vuelta en mi tierra y no dejo de pensar en todo lo que viví esa semana. Llegué renuente, incómoda, emo y antisocial y me fui contenta, con nuevas amigas, pero sobretodo, con muchas ideas zumbándome en la cabeza.

Toda la vida le había huido a las feministas y me di la oportunidad de escucharlas y de entenderlas. Creo que muchas de nosotras somos feministas empíricas y ni siquiera somos conscientes de eso. Nunca había convivido con mujeres trans y pude escuchar a tres de ellas y entender un poco de lo que les toca vivir. Por fin entendí el concepto de la pansexualidad. Ya veo a las activistas más allá de porta-pancartas y grita-consignas. Conocí a muchas mujeres determinadas y seguras de lo que creen y de lo que sienten. 

Creo que todos le tenemos miedo a lo que desconocemos, pero que algo cambia cuando nos acercamos y bajamos nuestras defensas. 

Desde que regresé, traigo un sentimiento que no logro identificar. Algo se movió dentro de mí y está buscando su lugar, tratando de acomodarse en mi vida, intentando entender mi lugar en el mundo. 

8 comentarios:

  1. Anónimo3:00 a.m.

    Chingon!!! Gracias por regresar a escribir, se te extrañaba y un saludo desde sinaloa! :D

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  2. Disfruto mucho leyéndolas, son una muy grata compañia!

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  3. Anónimo5:00 p.m.

    Gracias a ti, por quedarte, pro compartir y aceptar mi propuesta.
    Un abrazo.

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  4. esther5:11 p.m.

    Mi querida compatriota. Un placer conocerte y recuerda que aqui estamos :) Esther

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    1. El placer es mío, compatriota :) un abrazo.

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  5. jajajaja mas que famosa mi Chumis hasta autógrafos repartiste ... Un saludo de Morelia. Rox

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  6. Anónimo1:14 p.m.

    Quisiera involucrarme mas en todo esto, como le puedo hacer?

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