domingo, octubre 16, 2011

El mio drama lenchizado y compartido.

Después de haberme desmadrado y haber cavado un hoyo más allá del suelo en el que estaba toda tirada y revolcada, después de que me vi sin orden ni ley y sin amor propio llorando como pendeja, peleándome con todo el mundo y con la vida cuando me sentí desplazada por alguien más, después de todo eso hijitas mías vengo a compartirles ciertos aprendizajes:



En primer lugar qué difícil!!!! Qué difícil es encontrar un buen psicólogo y encima que sepa tratar temas de relaciones homosexuales, léase, entre dos mujeres.



En segundo lugar, fue todavía más difícil encontrar un solo libro que hablara de relaciones homosexuales, de alguna manera lo que los psicólogos o eruditos de los temas de relaciones y malos amores o mal de amores, definen que tanto relaciones homosexuales y heterosexuales son la misma cosa pero creo que se les olvida un punto: el drama se intensifica siempre que se trata de mujeres.



Ya no soy capaz de decir que el drama no me gusta porque ya sería una aberración a mi naturaleza, pero aclaremos, me gustan las comedias dramáticas y yo estuve en una qué bueno!! Libertad Lamarque reencarnó en mí y a la doble potencia.



En tercer lugar, lo rescatable de todo este proceso es darte cuenta que los amigos, son los amigos y siempre van a estar ahí, para sacarte adelante cuando no puedes, para darte tus buenos “estate quieta” que tú no puedes darte y para hacerte ver lo bien o mal que estás en cuanto a tu percepción de las cosas.



En cuarto lugar. Definitivamente no es lo mismo durar un mes con alguien que cinco años y tronar, el tiempo no define la intensidad de lo que sientes y las consecuencias de lo que vayas a hacer, el tiempo como buen Dios solo define la lentitud o rapidez en que se curan tus heridas y nadie absolutamente nadie te va a decir cuánto va a durar.





Y una cosa más, por más que vengan mil personas a decirte que Tú decides hasta cuando paras de sufrir, la verdad es que eso no es cierto, al menos no en mi caso. Yo no decidí dejar de sufrir, llorar o berrear, el Tiempo y sólo él me ha hecho ver lentamente lo que hice bien y lo que hice mal, el tiempo y sólo él ha definido la cura a la herida.



En quinto lugar. Nadie puede decir que no necesita psicólogos, la neta es que como dice mi sister, la palabra “suponer” es lo que hace de estos especialistas unos millonarios, pero también hay que saber escoger al especialista. En mi caso Fer…fue y es lo máximo, no sólo por su apertura, si no porque nunca me dio por mi lado y me llevó al punto en que un día en la penúltima terapia solo preguntó ¿y bien?...ahora sabes para qué te pasó?. (sigo sin saberlo cláramente pero bueno)



Claro que llegar a este punto me costó horas, días, semanas, meses de lloriquear como la muñeca fea, de preguntarme mil veces en qué fallé, qué hice mal y en culparme y nopalearme por haber echado a perder lo mejor que me había pasado.



Y sí, sigo insistiendo lo mejor que me ha pasado ¿por qué? Porque simplemente me hizo ver lo mal que estuve, lo mucho que puedo llegar a confiar y sobre todo porque me hizo conocer a mi sexto sentido, ergo, mi parte sabia…esa la que nunca te engaña. Únicamente por eso, sigo pensando que fue lo mejor que me ha pasado. Cabrón y hasta salgo agradeciendo como cuando alguien es secuestrado y liberado termina agradeciendole al captor por haberlo tratado bien, igualita, así estoy agradeciendo lo mal que la pasé.



En sexto lugar, si me vi muy inmadura pero como me dijo el psicólogo, permítete serlo, déjate llevar, libérate, si necesitas hacerlo hazlo ya después levántate y sigue…no lo decía por instarme a hacer cosas que no, simplemente entresus terapias y los libros que me hizo leer, me permitieron conocer mi lado oscuro y en vez de reprimirlo lo liberé, ya que entre más reprimas esos sentimientos o sensaciones negativas más las alimentas.





En séptimo lugar, se rompieron muchos paradigmas, de ser una “mujer” hecha y derecha, independiente, que tal vez no sepa cocinar pero sé comer bien de ser una persona que gustaba de la lectura de ciertos temas "bien", pasé a ser una más de las estadísticas psicológicas que en su librero (y miren que pondré mi apartado especial) cambié todas estas lecturas por libros de superación personal, de autoestima, de superar relaciones y todos esos libros que la neta del planeta nunca creí leer.



Entre mi colección de libros para superar todo este proceso se encuentran:
- Mujeres que aman demasiado
- El camino de las lágrimas
- Amarse con los ojos abiertos
- Comer, rezar y amar
- El lado oscuro
- Pensamiento positivo
- El aleph
- El Ego
- Por qué mentimos?
- Sincrodestino
- Mente sana cuerpo sano
- Mirar de nuevo
- Ama, perdona y olvida



Este último libro está muy pero muy cabrón porque me hizo autograbarme con terapias autodirigidas por si alguna vez las necesita alguien, con gusto se las paso.



En octavo lugar, para que todo esto pase, debes estar totalmente abierto a cambiar tus paradigmas y a observar, aprender de tus propios errores y de los consejos ajenos. Eso sí, qué bárbaros somos, todos somos muy buenos dando consejos cuando uno no es el que está en la situación.



Y ya para terminar mi cuento les digo que al final de todo de lo único que te das cuenta es que no sufriste por amor, ni siquiera porque tu hayas hecho un mal, sufriste y te revolcaste a lo wey porque te quisieron ver la cara de pendeja y nada más y lo peor, no es que te la hayan querido ver, si no que tú permitiste que lo hicieran porque siempre tuviste las señales, siempre hubo ese sexto sentido (que hoy sé que es esa parte sabia) que está ahí alertándote porque nadie, léanme bien, nadie hijitas mías, nadie se pone loco de la nada.



Me despido con un consejo muy sabio y no me lo dijo mi abuela:



- “Cuando sientas algo….ese algo es tu sexto sentido y si él te habla, hazle caso porque ese nunca te va a mentir”.



Dónde lo escuché? En la despedida de soltera de una de mis mejores amigas. Mejor consejo, nunca pude oir.





Que si debo aceptar que soy parte del club de las mujeres engañadas por Dios!! hasta membresía me dieron =)



Qué cómo estoy? Mejor imposible…empezando de nuevo.
Ahora sí, salió el sol como me lo prometió mi Shakira.





Hasta el próximo cuento...las extrañé

sábado, octubre 15, 2011

Tipos de lenchas, parte 4


Un día ves a una persona en la calle y no sabes bien qué es. ¿Es hombre? ¿Es mujer? Sí, bueno no, pero sí... Es la Lencha Andrógina

La conociste en el antro gay cuando se acercó a tu amiga buga. Platicaron juntas y tu amiga se rió como lobuki de sus chistes. Cuando tu amiga vuelve, le preguntas: 

—¿Quién era?
—No lo sé, lo acabo de conocer, pero me cayó súper bien el chavo. 
—La chava. 
—No, es un chavo. 
—Ja ja, si tú lo dices...

Las dos voltean a ver y ahora hay un dude tratando de ligarse a la chava-chavo. 

—¡¿Es gay?! ¿Por qué trató de ligarme?
—No, bueno. Sí es gay, pero... ash, es una andrógina pues. 
—¿Es mujer?
—Sí, obvio. 
—¡Pero no le vi las chichis!

Claro, eso es lo que más confunde. Porque la andrógina es más plana que una tabla. La naturaleza la hizo lencha y plana, con rasgos confusos que podrían ser de un hombre algo femenino o de una mujer algo masculina, pero a ella no le causa ningún conflicto. Al contrario. La Lencha Andrógina disfruta la confusión que genera. Le gusta romper el molde, ir en contra de los roles establecidos. 

Es súper conquistadora porque su apariencia ambigua es muy llamativa. Todos quieren resolver el misterio y saber qué encontrarán bajo la ropa. Por si fuera poco, es callada y sigilosa. Prácticamente no habla y cuando habla, lo hace en voz baja para que no sepas si está ronca o si tiene un natural y viril tono masculino. 

La Lencha Andrógina es un ave libre. Sonríe, se funde con la oscuridad y desaparece. Piensas que seguramente se fue a Canadá a cantar con Tegan and Sarah. Pero la realidad es que probablemente te la has cruzado miles de veces, pero no la habías visto. Tú no lo has pensado, pero la Lencha Andrógina tiene obligaciones que cumplir, así que cuando sale de día, cuando anda con la familia o en el trabajo,  usa maquillaje y un bra con relleno ¡y kabum! Se vuelve imposible de reconocer. Es como si fuera cualquier otra chava.

El espíritu de esta lencha es juguetón y caprichoso, pero lo cierto es que hay un tipo de mujer ante la cual cae rendida: aquella que la descubre con una simple mirada, la que no se sorprende por su apariencia, la que la ignora, la única que no trata de ligársela como todos los demás. Y entonces, la Lencha Andrógina tiene un reto y hará todo por conocer a esa mujer. 



¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? ¿La lencha o Justin Bieber? Obvio, la lencha. ¡Justin Bieber qué! Pero bueno, cuando este cantante surgió, hizo evidente algo que mucha gente no sabía: que proyectaba justo a un tipo de lesbiana que tiene la apariencia de un cantante juvenil pop que se viste como hip-hopero: la Lencha Bieber. Y para muestra un botón

Si lo estás pensando, es cierto: la Bieber es una andrógina pero con rasgos particulares que la diferencian de la andrógina standard. Este tipo de lencha es como Peter Pan, se viste como si no quisiera crecer nunca y parecer siempre un niño perdido. Tiene algo de lencha deportiva porque le encantan los tennis, pero no los usa para hacer ejercicio, los usa para moverse. Tiene pose, tiene actitud y sabe bailar, pero por supuesto, no baila como mujer. 

Si tomas a una Lencha Bieber, le quitas el outfit, el peinado y la pose, tendrás a una niña cualquiera. Es justo el tipo de persona que necesita el disfraz para no fundirse en su dulzura. Necesita de esa leve rudeza para que la gente sepa que no es una niña más: es una lencha de verdad. Es más, probablemente coja con la gorra puesta para mantener la pose. 

Su mirada dulce, en contraste con su actitud de joven mirrrey, es lo que conquista a todas las pollitas. Es experta en fingir seguridad, pero detrás de esa pose hay una pequeña lencha de corazón frágil y vulnerable. 

La Lencha Bieber cree que ama pero no entrega. Cela pero no se compromete. Vive y siente con la misma ambigüedad con la que se viste. Las relaciones con este tipo de lencha pueden ser difíciles. Son intensas, apasionadas, empiezan, terminan, vuelven, se van, se vienen y se vengan. Si andas con ella, tú eres su tereheno, ella te trabajó. Además es coqueta, porque tiene su pegue y le gusta que le inflen el ego.  Pero bueno, si logras despojarla de su disfraz y hacer que se olvide de su pose, algo bueno podría pasar. 



La Lencha Clásica es un bombón. Una mujer atractiva cargada de poder: una combinación mortalmente atractiva. Es una mujer ambiciosa por naturaleza, que ha luchado para darse su lugar en un mundo masculino. Cada vez que puede empodera a la mujer y se siente con el deber de ser ejemplo para muchas. Su gran cantidad de metas en la vida, hacen que sea workholic, así que no te sorprenda que no te haya notado, probablemente su mente esté en tres proyectos a la vez. 

La clásica es una idealista: quiere cambiar al mundo, paso a paso, persona por persona, pero quiere y hará todo lo posible, de manera incansable. Por esta razón tiende a desplazar sus sentimientos. Ha aprendido a mesurarlos para ocultar su fragilidad femenina. 

La seguridad que proyecta es arrolladora como la Banda Limón. Sabe cómo llevar a una mujer a su cama, sin que oponga resistencia. Eso sí, la Clásica manda. Le encanta cumplirle a su mujer, para ella los orgasmos son de quien los trabaja. Tiene problemas para ceder el control, es súper activa y aun cuando deje que le des amor, ella tiene que estar arriba. 

Este tipo de lencha es de carácter fuerte. Cuando se enoja explota, grita y alza los puños al cielo. Cuando esté sentida contigo, te castigará con el látigo de su desprecio. Es muy territorial y hará cosas para intimidar a los y las que se acerquen a su vieja, pero es incapaz de aceptar que siente que le vuelan el mandado. Es muy orgullosa, así esté muriendo por correr a tus brazos y darte un beso. 

Como le gusta ser ejemplo de lencha exitosa, suele mantener relaciones largas y estables, aún cuando ya no sienta la misma pasión que hace algunos años. Odia admitir que se equivoca, pero el día que lo haga toma en cuenta que te está dando una verdadera prueba de amor. 



Las lenchas amamos la música y como nos gusta eso de ser intensas, romper reglas y estar rodeadas de mujeres, hay muchas Lenchas Rocker

Hay dos subtipos de esta especie: 
  • Lencha Rocker Activa, la que toca música. 
  • Lencha Rocker Pasiva, la que sigue la música. 

La Lencha Rocker Activa tiene toda la actitud. Toca un instrumento musical por lo menos, así que cuando quiera conquistarte llegará con su guitarra al pie de tu ventana y desgarrará su voz grave para ganarse tu corazón con aullidos de amor. 

Con algo de suerte y de talento, la Lencha Rocker Activa formará una banda y tocará en un barecito, donde se concentran sus groupies a adorarla. No sabemos si es la ropa, el pelo o la actitud, pero esta lencha tiene su pegue y lo disfruta. Puede que un día entre a un baño público y alguien la empuje a un cubículo para darle placer sólo porque sí. 

Todos sabemos que este tipo de lencha tiene un corazón muy grande, tan grande que se deja querer por cualquiera, aunque no tiene una idea clara de lo que es entregarse. Este tipo de lencha vive todo en grande. Ha tenido toda clase de relaciones: breves, casuales, abiertas, amoríos, frees, uniones libres y puede ser que hasta se haya casado en una borrachera o tenga un hijo por ahí. Sus ex incluso podrían unirse en un grupo de apoyo para sobrellevar sus rupturas juntas. Tal vez hasta tenga su propio grupo de Facebook: "Yo también anduve con [inserte nombre de lencha rocker activa]".

Puede ser que un día esta lencha se encuentre con cierta mujer y logre una relación estable. Por supuesto, todas las despechadas se preguntarán qué tiene de maravillosa la susodicha. No hay que romperse la cabeza, probablemente es una cuestión de comodidad. Es alguien que no le exige mucho, que tiene gustos similares y que no se clava con sus defectos.  

Por su parte, la Lencha Rocker Pasiva no puede ni azotar la batería de forma rítmica, así que se consagrará como una verdadera fan: escribiendo, hablando, narrando y viviendo el rock. Periodista, comentarista, locutora o caza-conciertos. No importa cómo, pero ella encontrará la forma de que el rock sea parte de su vida. 

Este subtipo de lencha es apasionada. Desde chiquita consumía todos los discos de sus papás o de sus hermanos mayores. Creció escuchando historias de bandas y se sabe miles de datos curiosos sobre canciones. La música es su pasión y su principal tema de conversación. 

Cuando se enamora, se entrega con la misma devoción con la que es fan. Lo aprenderá todo de ti: conocerá tus gustos, tus gestos y tus frases. La Rocker Pasiva es una víctima natural de la Rocker Activa, pero tampoco le gusta sufrir. Con el tiempo encontrará alguna lencha de buen corazón que esté dispuesta a escuchar y a aprender de la música que ella ama. Y entonces sus cuerpos se fundirán al unísono en un hermoso gran estruendo que hará aplaudir a los dioses del rock. 



La Lencha Ochentera, por cuestiones obvias es de edad madura. No tiene gran interés en su apariencia; simplemente cumple y trata de verse profesional, aunque se haya quedado en los 80's. Es una persona sencilla y de bajo perfil que probablemente empezó a vivir su vida apenas hace algunos años por una razón muy simple: los tiempos han cambiado. 

Cuando era joven, se dio cuenta de que tenía sentimientos inapropiados hacia otra mujer y se sintió sumamente culpable. Quizá tuvo un encuentro con una mujer, cayó ante la tentación y fue seducida. Vivió un intenso romance, hasta que un día fue a tomar un helado con su "pareja" —como dicen las lenchas de antaño— y se topó con una tía. 

Así estuviera sentada a ocho metros de su amor, la Lencha Ochentera sintió que su tía había notado, con una sola mirada, que su relación con esa mujer no era normal. En su cabeza vio el peor de los escenarios: imaginó a su padre infartado y a su madre desconsolada, rezando por su alma perdida para que no la manden al infierno. 

La Ochentera le dijo a su pareja que aquello no podía continuar y entre llanto y ruegos, su relación terminó. Hizo todo por sublimar sus sentimientos, se encerró en el trabajo y en miles de obligaciones... Desde entonces, la lencha ha estado sola. 

Para mucha gente, ella es una solterona como cualquier otra. Jamás le han conocido novio. No es una persona amargada, al contrario, se caracteriza por su buen humor, lo que hace que tenga amigos de muchos años. 

Pero bueno, no todo está perdido para la Ochentera. Hace un par de años descubrió el internet y se animó a entrar —de manera súper anónima—a un chat de lesbianas. De pronto se dio cuenta de que allá afuera había muchísimas mujeres viviendo su vida lésbica, disfrutando del amor y de la vida. 

Se le ocurrió que quizá había una oportunidad de ser feliz. Volvió a contactar a su amor de juventud. Después de colgar 15 veces, la llamó y habló con ella. Se sintió feliz de escuchar su voz, le contó de su vida y cuando le preguntó por la suya, hubo una breve pausa: su amor de juventud vivía con otra mujer desde hace 10 años. Lloró, lloró y lloró... pero se dio cuenta de que su vida tenía que cambiar. 

Le costó trabajo, pero empezó a hacer amigas lenchas. Quizá nunca logren llevarla a un antro gay, pero sí salen a cenar y se van por las chelas o por el helado. Aunque a veces la Ochentera se ponga paranoica y crea ver a su tía difunta en todas partes. 

Pero un día, la risa estruendosa y los rizos de antaño de esta lencha llamarán la atención de otra mujer madurita. Platicarán de manera casual y relajada, reirán juntas y se mandarán mensajitos como si nada. Y después de 80 salidas para tomar el café y 36,000 miradas tímidas, un día se tomarán la mano y nunca, nunca más, volverán a separarse.

—o—

Tan tan. Próximamente, Tipos de lenchas parte 5. Buga la que se lo pierda.