Hace tiempo que vengo pensando en la distancia y en los efectos que tiene sobre las relaciones.
Yo fui muy feliz con una relación a (pesar de la) distancia, pero creo que cuando estamos envueltas en la emoción del amor, no somos conscientes de algunas cosas. Estos son algunos veintes que me cayeron con el tiempo:
La distancia es un riesgo que atrae. Y como todo riesgo, nos atrae por la adrenalina que produce. Es una locura, es poco convencional, no cualquiera puede tener una relación a distancia y en sí, viajar y conocerla es una aventura: los nervios, la emoción, el conocer a alguien a quien ya conoces, las ganas contenidas, todo.
La distancia acelera la intimidad. Obviamente, después de unos meses de tórrido romance en línea, cuando por fin están juntas, es como si estallara una caldera de palomitas, con fuegos artificiales y toda la cosa. Cualquier relación convencional, se tomaría cierto tiempo antes de llegar a la cama (salvo las lenchas nalga-pronta de
la encuesta). Pero tú estuviste tanto tiempo aguantándote, que no puedes evitar el agarrón intensivo, seguido de un encerrón de una semana (porque hay que aprovechar el tiempo).
La distancia es un acto de fe. "Amor de lejos, felices los cuatro". A una amiga le dijeron una vez: Seguro tu ex te súper ponía el cuerno. Yo conozco a la susodicha y sé que le fue fiel, pero no sabemos cómo les fue a las demás en la feria. Tienes que estar preparada porque mucha gente te va a decir que te están viendo la cara. Una relación a distancia requiere de mucha confianza por un lado y fuerza de voluntad por el otro lado. Si estás considerando ser parte de una, una de las preguntas que te tienes que hacer es si confías en ella, porque su fidelidad será cuestionada una y otra vez por tus amigos.
La distancia se salta las barreras sociales. Quieres pasar tiempo con ella porque no está aquí. Y como no pueden estar juntas, hablan y se escriben todo el tiempo. Es mucho más fácil decir lo que piensas cuando no sientes la mirada de la otra persona. Te saltas toda una serie de frenos sociales porque tratas sólo con ella, porque sus amigos no están alrededor, los tuyos tampoco. No hay gente, no hay familia, no hay nadie. Pueden ser ustedes mismas. Y eso está cool.
La distancia conoce mucho, pero no conoce todo. El detalle está en que conoces lo que oyes de ella, lo que te dice. Sabes por su tono de voz, cuando está feliz, cuando está triste, cuando está molesta, caliente, sentida o golpeada del dedo chiquito del pie. Pero no sabes lo que no ves. No sabes que deja la regadera llena de pelos, no sabes que no le gusta que agarren sus cosas, que le habla feo a sus compañeros de la escuela o que secretamente colecciona muestras de sangre.
La distancia aumenta el nivel de compromiso. Esto es casi inevitable. Si la relación no está definida, la que tenga que hacer el primer viaje se preguntará si esto va a alguna parte. Entonces ya son novias. Cuando se despidan, la pregunta es cuándo volverán a verse. Después de ir y venir algunas veces, la pregunta inevitable es ¿cuándo vivirán juntas? La distancia es una tortura. ¿Quién no quiere dejar de sufrir y alcanzar la felicidad? La cuestión es que todo esto sucederá más rápido de lo normal y resolver el problema de la distancia, implica dar un par de pasos a la vez y un nivel mayor de compromiso. Quizá deberías preguntarte, si ella viviera en la misma ciudad, ¿también querrías que ya vivieran juntas?
La distancia es un aislante. Te clavas en el chat, el teléfono, el celular, el pin, el facebook, el twitter, el skype o la paloma mensajera. Sin darte cuenta, vas a salir menos, no vas a dedicar tiempo para tus proyectos personales, no te vas a escapar a la playa y no vas a pasar tanto tiempo con tus amigos. O no los vas a pelar por tener los ojos puestos en el celular. Y además esto va a ser porque tú así lo quieres, no porque ella te exija ese tiempo. Lo confieso, yo dejé de vivir muchas cosas por andar con la mente puesta en otra geografía.
La distancia es cara. Digo, esto no es sorpresa para nadie. Cuesta el teléfono, cuesta el celular, cuestan el avión, el camión, la comida, los taxis, el hotel y a veces te cuesta hasta la concentración en el trabajo. Eso sí, es dinero bien gastado, sólo tenlo en cuenta.
La distancia es la ausencia. Es tu graduación, te acaban de dar un trabajo, vas a ser tía y no puedes correr a sus brazos para compartirlo. Ella perdió su gato, se peleó con su mamá, perdió su cartera y no puedes abrazarla mientras llora. Tampoco pueden ir a fiestas, ni ver esa película juntas.
La distancia tiene fecha de caducidad. Pueden tener una relación maravillosa, una historia que hace llorar hasta a tu abuela desalmada o un amor de esos que se escriben para la posteridad. Pero si dejan pasar mucho tiempo sin resolver la brecha de la distancia, eventualmente una de las dos va a tronar. Y de ahí en adelante, todo es cuesta abajo. Para tener una relación, con una mujer aquí o en China, se necesita de dos. Si una de las dos ya se cansó de esperar después de 30,000 años, es claro que la relación se acabó.
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Yo estoy segura de que tal vez hayan otros efectos en las relaciones a distancia o que quizá ustedes vean esto de forma distinta. No quiero que piensen que estoy diciéndoles que tomen su relación a distancia y la manden a la burger. Yo nunca dejé que las opiniones de los demás me detuvieran para vivir lo que quería vivir y me quedé con muchísimas cosas buenas de esa relación. Cada quien llevará su relación como mejor le parezca.
Para mí en el futuro, visualizo una relación donde los códigos postales no sean un impedimento. Quiero que me acompañe al doctor, quiero ir a su casa y que ella pueda ir a la mía. Quiero que negociemos en casa de quién vamos a pasar navidad y en dónde año nuevo, quiero que mi papá la avergüence con sus preguntas y quiero esforzarme por caerle bien a sus amigas. Quiero post-it's en mi coche, idas al cine y escapadas a la playa. Quiero "te traje el desayuno al trabajo" y quiero manita sudada.