miércoles, agosto 18, 2010

Vacaciones chumínicas

Vengo por aquí a desempolvar tantito el blog y a contarles que tengo como tres o cuatro posts en la cabeza que simplemente no he podido poner en palabras para que lleguen a sus pantallas y así. Pero bueno, más que prometerles cosas que todavía no sé cuando voy a cumplir, quería contarles que la semana pasada me fui de vacaciones y la pasé bien chingón.

Esta vez el destino era Jilltown, o sea, el pueblo de Jill. Yo moría por tomarme unos días de tranquilidad y reposo para las guerreras lenchas (que en este caso, vendrían a ser las amazonas, pero creo que me estoy desviando de tema) y Jill me ofreció las puertas de su hogar.

Por si fuera poco, unas semanas antes recibí la sorpresa de que Chein se uniría a esta odisea. Me tocó recibirla y darle el rol en Mérida, llevarla a comer comida típica yucateca y luego emprender juntas el roadtrip a Jilltown.

Después de un viaje musicalizado y acompañado con nuestros berridos a todo volumen, llegamos y nos encontramos con Jill. Nos arrojamos a sus brazos como garrapatas, nos instalamos en su casa, en su mismito cuarto y en seguida asumimos el papel de maridas. Chein y yo íbamos al súper, cocinábamos, platicábamos y cuando Jill llegaba a la casa, la recibíamos cual esposo consentido.

Hubo de todo en estas vacaciones: pláticas profundas y frívolas, excursión al fin del mundo, actividades espirituales, franceses hippies, experiencias ecológicas, desveladas, sandwichón para comer y para apapachar, concierto de karaoke privado, siestas espontáneas, la violación de un hipopótamo de peluche, planes para MOL, carcajadas interminables y una continua búsqueda por definir a la verdadera lencha.

Este viaje me dio la oportunidad de pensar en dos tres cosas que traía atoradas en la cabeza, de escribir para mí (en una libreta de verdad, con tinta, ¡como nuestros antepasados!), de abrirme a ideas que difícilmente hubiera aceptado antes, de descubrir que hay cosas que voy superando casi sin darme cuenta.

El último día, las tres regresamos a Mérida (Jill quería pasar con nosotras hasta el último minuto) navegando en la carretera en una noche oscura y lluviosa, mientras nuestras mentes revoloteaban en planes y anhelos.

Llegamos y nos esperaban varias de mis amigas para cenar. Me dio tanto gusto que fuera posible que se conocieran entre ellas y que la conversación fluyera junto con las anécdotas y las carcajadas. Nos fuimos hasta que cerraron el lugar.

Mis maridas Jill y Chein ya se fueron y yo he vuelto a mi rutina, pero me hacen una falta enorme. En mi mente todavía sigo de vacaciones con ellas.

4 comentarios:

  1. Querida Chumina:

    Felicidades por darte cuenta de cuanto haz crecido (internamente) ese tipo de viajes por uno mismo, no solo son fantasticos, sino sanadores.

    en verdad me da gusto lo que leo, que bueno que sigas de vacaciones en tu mente, y que todo lo aprendido junto a dos de tus amigas, sea algo que nunca olvides y practiques siempre.

    En cuanto a tu libreta....

    ...es muy liberador no escribir siempre en la maquina.

    .... es espiritu, encuentra su lugar.


    un besazo.

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  2. Hola, apenas ayer entré a tu blog y me pareció muy divertido e interesante. Nunca había entrado a blogs de lenchas, así que hay muchas cosas que ignoro. Por ejemplo, ¿una lencha puede tener dos maridas? (Jill y Chein). Saludos.

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  3. En este caso "maridas" se usa como sinónimo de "mejores amigas", pero sí, alguna vez he oído de tres lenchas que tienen una relación entre ellas.

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  4. Mariana7:10 p.m.

    las vagaciones son lo mejor!! y que mejor si se va con maridas :P k joya :D

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